Mujeres hombres afroamericanos blancos

El análisis también mostró que los hombres y niños latinos, las mujeres y niñas negras y los hombres, mujeres y niños nativos americanos también son asesinados por la Policía a tasas más altas que sus pares blancos. Pero la vulnerabilidad de los hombres negros fuesorprendente. “Ese número de 1 en 1.000 nos pareció bastante alto. Mujeres y hombres blancos, y los que no tienen partido, dieron triunfo a Trump ... las proyecciones indicaban que al menos 8 de cada 10 afroamericanos habían elegido a la demócrata; así como 65 ... El éxito de ventas de Terry McMillan acerca de cuatro mujeres, los hombres que aman y, sobre todo, las amistades que forman entre ellas consiguió su elenco estelar con Angela Bassett, Whitney Houston, Loretta Devine y Lela Rochon como las mujeres. En medio de la explosión de películas pandilleras, esta se sentía como un soplo de aire fresco. En junio también los afroamericanos reportaron tasas más altas de desempleo: 15.4 por ciento versus 14.5 por ciento entre los hispanos y 10.1 entre los blancos, es decir, 5.3 puntos por encima de la tasa de los blancos. Estudios demuestran que los hombres negros tienen una salud considerablemente peor que los blancos: por ejemplo, enferman entre dos y tres veces más de diabetes o hipertensión. Aunque la disparidad entre hombres y mujeres no es tan marcada como la que existe entre blancos y afroamericanos de Ohio, aún así ha llamado la atención. ... Picada por la curiosidad, busqué información por internet respecto al tema y compartí durante el resto de la tarde varios whassaps con algunos amigos y conocidos, tanto hombres y mujeres afros, como con dos hombres blancos, con relación a este tema. Las mujeres afroamericanas tienen más ... puedan explicar el riesgo más alto de cáncer de próstata entre los hombres afroamericanos en comparación con los hombres blancos. Los investigadores están examinando también otras diferencias moleculares que puedan explicar por qué los hombres afroamericanos tienden a tener cánceres de ... El rechazo familiar y social hace que muchas mujeres y hombres negros que conozco prefieran solo salir con personas de su misma etnia. No quieren estar dando explicaciones constantemente y lo entiendo, porque lo he vivido. También diré que me he encontrado el caso de personas negras del activismo que me afean estar con hombres blancos. ¿Cuántos son mujeres? ¿Cuántos son hombres? ¿Cuántos son blancos, afroamericanos, asiáticos o latinos? ¿Puedes ver la relación entre la raza y el género de los personajes y cómo se representan? Habla con tus hijos acerca de tus observaciones. Esta clase de preguntas le enseñan a tus hijos a que estén más conscientes y además te ...

"El nuevo oscurantismo: La ofensa nuestra de cada día" por Oscar Larroca

2019.09.28 21:32 Enchilada_McMustang "El nuevo oscurantismo: La ofensa nuestra de cada día" por Oscar Larroca

El nuevo oscurantismo: La ofensa nuestra de cada día
Óscar Larroca
(Nota publicada en número 52 de "La Pupila")
Historia
"No existe la censura moral, solo la ideológica" Federico Fellini
La censura significa, ni más ni menos, la imposición de límites a la libertad de expresión. Antes bien, esa expresión puede estar habitada por la nobleza o ser denigrante y apologética de delitos. De todos modos, la censura a cualquiera de esas posibilidades expresivas será impuesta por sujetos con poder que han asumido la voluntad de silenciar todas las ideas contrarias a sus intereses, normas o convicciones religiosas. Esas ideas, controversiales y pasibles de ser censuradas se transmiten a través de la oralidad, la escritura o la imagen, siendo las artes (literatura y pintura, principalmente) los blancos preferidos por tiranos de diverso linaje. En efecto, al pincel, la pluma y la voz, se agregó un elemento tutelar: la tijera.
Podemos determinar los distintos tipos de censura en función de quienes la invocan: estatal y directa (como la llevada adelante por genocidas de la talla de Hitler y Stalin), estatal e indirecta (mediante recursos de amparo, decretos y leyes consensuadas en defensa de la minoridad y de una «moral media» pública), religiosa y directa (como la ejercida por la Santa Inquisición), y civil y directa (protagonizada por organizaciones civiles profascistas, organizaciones «familiares» provida, o colectivos de adscripción).
La censura moral estuvo ligada a las religiones monoteístas, las cuales han participado activamente durante siglos en la fiscalización de todo material producido por escritores, artistas visuales y dramaturgos. Así, se hizo tristemente famosa la «hoguera de las vanidades» organizada por Savonarola: un acto pedagógico y purificador hacia el pueblo florentino. Algo análogo a lo que en el transcurso de las centurias otros opresores han hecho usando también hogueras, potros de tormento, campos de exterminio, «justicias infinitas» y «guerras santas».
El argumento más utilizado a la hora de justificar la censura es la ofensa. En la Inglaterra del siglo XIX se pusieron de moda algunos eufemismos y circunloquios bajo ese fundamento. Llegó a ser impensable utilizar en sociedad la palabra leg (pierna), breast o su plural breasts (senos). Para que nadie pensara en las piernas, las de los pianos (piano legs) se disfrazaban con telas, y las patas de las mesas estaban cubiertas con largos manteles. Según el investigador G. Rattray Taylor, era incluso inaceptable preguntarle a una mujer en una cena: «May I serve you a leg of chicken?» («¿Le puedo servir una pierna de pollo?»). Tampoco se podía decir trousers (pantalones), mejor pues: femoral habiliments (prendas femorales).
En los países de habla hispana los rodeos léxicos se emplearon frecuentemente hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Los genitales, por obra y gracia del pecado original, se convirtieron en «partes pudendas», «las vergüenzas», «las partes menos honestas» y «las partes». Con la aparición de la censura como institución jurídica, los jueces debieron ser más precisos en la tipificación de las obras que incurrían en esa nueva figura delictiva. En principio, esta obligación legal y política por definir aspectos asociados a la ofensa o la discriminación fue asumida por el trabajo concreto (ad hoc) de los juristas que tienen por cometido trazar los límites de lo que es socialmente aceptable. Hasta el segundo tercio del siglo XX su trabajo consistía, en algunos casos, en determinar si el vello púbico podía ser mostrado en una escena cinematográfica, o cuándo exactamente un pene debía ser declarado en erección.
La Iglesia y el Estado han recorrido un imbricado y azaroso camino desde las persecuciones en tiempos del Imperio romano, pasando por el césaropapismo bizantino, las teocracias y el galicanismo, hasta los modernos Estados-nación, en los que el gobierno asume la totalidad del poder temporal en beneficio de la moral pública y la cohesión nacional por sobre la pluralidad de intereses y credos.
Volviendo al tema de la censura moral, en 1930, la Asociación de Productores Cinematográficos de Estados Unidos (MPPA) aprobó un código pudoroso, más conocido como Código Hays por el nombre de uno de sus mentores intelectuales, Will H. Hays, y conocido también como «La censura cinematográfica de Hollywood». Su marco regulatorio fiscalizaba las siguientes temáticas: crímenes, blasfemias, alcohol, danza, y, por cierto, el vestuario, la sexualidad y el desnudo. Hasta 1956 el código permaneció inalterado, pero entre ese año y 1963 tuvo sus modificaciones, inevitables, hasta su desaparición definitiva.
Medio siglo más tarde, la censura regresa de la mano de grupos que fomentan la corrección política y la defensa a todo aquel espectador que exprese haber padecido algún tipo de ofensa. Curiosamente, esos grupos pertenecen a movimientos políticos organizados vinculados a la izquierda, a la inversa de lo que sucedió históricamente donde los perseguidores estaban vinculados a corporaciones derechistas. Esta voluntariosa disposición de purificar de la plaza pública a los ofensores en nombre de «la verdad», se parece demasiado a la ideología totalitaria, hoy ejecutada por quienes ayer estaban comprometidos con la emancipación del sujeto. Obsérvese que estos colectivos progresistas son muy abiertos ante aquellas obras artísticas que evoquen el sadomasoquismo, la ingesta de drogas, la promiscuidad o la genitalidad (lo cual, en principio, habla acertadamente de quien no antepone «lo moral» por encima de la estética). A decir verdad, no manifiestan demasiados reparos ante la representación de la crudeza, la performance violenta o la pornografía. Solo disparan sobre la producción simbólica, por ejemplo, cuando el relato ofende a una raza (por ausencia, por contexto o por humor) o cuando ofende a la mujer (si el personaje es demasiado femenino, estereotipado o sumiso). También colocarán la mira sobre el autor de acuerdo a las acciones que llevó adelante en su vida privada.
“Dibujitos animados racistas y machistas”
Algunos colectivos afines a las minorías étnicas pidieron a Netflix que retire de su grilla la serie Friends, por considerarla racista y misógina. Al mismo tiempo aterrizaron en Hollywood para exigir a la industria del cine que incluya, para la elaboración de sus personajes de ficción, la diversidad racial, antropomórfica y sexual. Hay series para adolescentes como Popular (cuyo autor es Ryan Murphy, el libretista de Glee) en la que sus personajes son negros, coreanos, indios, latinos y descendientes de las tribus nativas de Norteamérica. También hay una cuota para adolescentes petisos (Zoey 101, de Nickelodeon) y otra para individuos transexuales. La señal FOX Premium anunció el comienzo de Pose, la primera serie subtitulada al español con lenguaje inclusivo («nosotres», «estimades amigues», etcétera). En Netflix sobreabundan los documentales apologéticos sobre drogas y las series con personajes homosexuales, pero al mismo tiempo la empresa cuenta con un «coordinador de intimidad» (un eufemismo para esquivar la palabra «censor»).
Con respecto a la «visibilización de la diversidad», esta no pasa por llevar a la ficción un personaje de cada etnia, género, cultura o talla corporal. La literalidad es patrimonio de la realidad (o de una parte de ella) pero no es un atributo de la ficción. Precisamente, esa cercanía con lo real ha provocado que algunos espectadores confundan simulacro con realismo, ficción con literalidad y humor con blasfemia. A tal punto que varios jóvenes estadounidenses exigieron a las autoridades de FOX y a los guionistas de la serie animada Los Simpsons que suprimieran de la serie al personaje Apu por considerarlo un estereotipo ofensivo hacia la raza india. Es decir, por un lado, existe un reclamo para que se habilite una cuota étnica y racial, pero por otro lado, si los guionistas incurren en alguna «broma cruel» (el italiano mafioso, el policía corrupto, el clérigo pedófilo, el indio lleno de hijos, la mucama mexicana) se evoca la etiqueta de la ofensa y se exige su retiro. En el año 2019, la empresa Disney decidió eliminar de Toy Story 2 una escena donde asoma un aparente hecho de acoso sexual. La escena transcurre dentro de la caja donde se encuentra Oloroso Pete y dos muñecas Barbie. Esto es lo que dice el muñeco: «Ustedes dos son de verdad idénticas. Puedo conseguirles un papel en Toy Story 3». Tras esta frase, el personaje mira a la cámara y advierte que lo están grabando: «Perdón. ¿Es la toma? Bueno, chicas. Fue un verdadero gusto. Y cuando quieran que les dé consejos de actuación será un placer ayudarlas». La escena hace referencia a lo que en Estados Unidos se conoce como casting coach, o «casting sábana» en el Río de la Plata, acoso denunciado por muchas actrices.
“Libros machistas para niños”
Una escuela pública de la localidad española de Sarriá (Barcelona) ha retirado de su biblioteca 200 títulos porque no son del agrado de los defensores de esta nueva agenda de derechos. «Cuentos emblemáticos como La leyenda de San Jordi, Caperucita roja o La bella durmiente son ejemplares de historias tóxicas en perspectiva de género». La censura se ha llevado a cabo después de un «análisis exhaustivo de su contenido» […] «Se ha concluido que la mayoría de los personajes femeninos son secundarios y se les atribuyen tareas de cuidados o maternidad o tienen roles relacionados con el amor» (sic). De hecho, solo el 11 % de los libros han sido considerados «positivos en perspectiva de género». Vale entender que estos personajes «positivos» carecen de relieve y conflictos: no tienen, por ejemplo, atributos vinculados al cuidado doméstico (de hermanos o ancianos), ni están vinculados a la maternidad («un estereotipo impuesto por el patriarcado y la heteronorma», dicen). La institución alega que «los cuentos que son sexistas pueden contribuir, a la larga, a actitudes machistas o, incluso, de violencia de género». Es decir, si un niño lee el «sexista» La bella durmiente, puede provocar que acabe siendo un maltratador de mujeres.
La crítica literaria española Ana Garralón se pregunta qué harán con los títulos censurados: ¿Acaso quemarlos, como hacían los nazis y los comunistas con los libros que consideraban incorrectos? La Constitución española ampara en su Artículo 20 el derecho a la creación literaria y prohíbe expresamente la censura previa, por lo que los censores se apresuraron a precisar que Caperucita roja finalmente no sería retirado, «si bien no había pasado el test» (sic).
Para Garralón, censurar libros destinados a los niños es una práctica tan arcaica como la historia del libro y de la pedagogía. A fines de la década de 1990 varios lectores se quejaron de que en el bestseller ¿Dónde está Wally? «aparecía una mujer en topless». Un poco de escándalo fue suficiente para «vestirla» en su siguiente tiraje de imprenta. Todo este control y amenazas veladas repercuten en los hacedores de libros: escritores, editores e ilustradores. La ambigüedad, necesaria en la literatura, empieza a evaporarse. El humor, que se basa en la parodia y en ridiculizar, es uno de los grandes ausentes. Y nadie quiere que le acusen de ofender a los demás.
En la década de 1980 se comenzó a utilizar en una universidad estadounidense el término «políticamente correcto» para evitar las ofensas, acaso como un reflote involuntario de los eufemismos creados por los ingleses a mediados del siglo XIX. En lugar de decir «negro» se debe decir «persona de color» o «afroamericano», entre otras recomendaciones de un muy extenso listado que busca suavizar los calificativos considerados como humillantes. En 1990, el comediante estadounidense James Finn Garner publicó un libro donde aplicaba esta norma. El volumen se tituló Cuentos infantiles políticamente correctos. El de Caperucita roja comienza así: «Érase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja, que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, sino porque ello representaba un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad.»
Garralón observa que la literatura en general y los libros para niños en particular se empiezan a leer bajo una mirada hipersensible. Blancanieves es considerada inmoral por convivir con siete enanitos y, desde luego, se persigue a las princesas por perpetuar «modelos patriarcales» (excepto las que se «deconstruyen»: no se depilan las axilas y eructan). Como se sabe, paralelamente a la censura ejercida por «otro más poderoso» debemos considerar la autocensura: reflejo voluntario o involuntario en el autor como consecuencia de estos sojuzgamientos sociales. Por lo tanto ¿cómo escribir sin temor ante esa vigilancia en un mundo que está leyendo todo de manera literal?
En Alemania, un clásico como La pequeña bruja, de Otfried Preussler, está siendo revisionado para que se suprima del texto a dos personajes: un niño disfrazado de esquimal y otro de niño negro. La editorial negocia duramente con los herederos, quienes se defienden diciendo que el autor no era racista. Pero eso no será relevante: la policía del pensamiento tendrá la última palabra.
No importa la procedencia del escritor ni lo que hayas escrito, dice Garralón. Si el autor osó escribir la palabra «negro» para referirse a un personaje de piel negra, toda su obra será cuestionada. Los valores estéticos no son tomados en cuenta. Cada grupo, además, tiene una legión de «escritores» que inspeccionarán los cuentos (los libres de derechos de autor) para readaptarlos según sus consignas. El caso más reciente es una versión de El Principito, titulado La Principesa. Las autoras indican que, además de ser una traducción de género, «se reescribe con una mujer protagonista que viaja a planetas donde los oficios son desempeñados indistintamente por hombres y mujeres, donde los animales reciben un trato más amable que en la obra original y la rosa se ha transformado en un clavel» (sic). No es posible imaginar qué cosa podría haber respondido Antoine de Saint-Exupéry ante la frase «…los animales reciben un trato más amable que en la obra original…».
“Arte machista para adultos”
Hasta aquí, un ligero resumen de lo que acontece en el mundo editorial. ¿Pero qué sucede con aquellos artistas que nos han legado una obra artística extraordinaria pero sus vidas privadas son objeto de condena? En los últimos dos años, Gustave Courbet, Auguste Rodin, Pablo Picasso, Charles Dickens, Albert Einstein, James Joyce, Steve McQueen, Robert Crumb, Mick Jagger, Morgan Freeman, John Belushi, Quentin Tarantino, Jorge Lanata, Alfredo Casero, Ricardo Darín y Osvaldo Laport han sido algunos de los muchos creadores, políticos, actores, periodistas y hombres de ciencia señalados como misóginos.
En el Reino Unido, la Manchester Art Gallery retiró una pintura del prerrafaelista William Waterhouse, Hilas y las ninfas (1896), para «abrir un diálogo en torno al papel de la mujer en el arte». En España, doce mil personas firmaron un manifiesto para que se retirara de una muestra transitoria la pintura Térèse soñando (1938), de Balthus: una jovencita que deja ver, de manera provocativa, su ropa interior.
La lista no se detiene allí. Woody Allen ha sido descalificado como depravado y señalado como un sujeto execrable que mantuvo una relación incestuosa con su hija adoptada, mientras Kevin Spacey fue denunciado como acosador. El documental Leaving Neverland (Dan Reed, 2019) aborda en sus casi cuatro horas de duración los abusos sexuales perpetrados por Michael Jackson. Si bien todas estas conductas deben ser evaluadas y condenadas en los estamentos legales correspondientes, los activistas intentan desplazar el repudio hacia las creaciones artísticas de los acusados. Así, los detractores han presionado a las instituciones culturales, sellos cinematográficos y cadenas de distribución para que las obras de los nombrados fueran quitadas de las galerías (Pablo Picasso), se les rescindiera sus contratos cinematográficos (Woody Allen, Kevin Spacey) o se los purgara de alguna serie de dibujos animados (Michael Jackson). Resta saber quiénes son los mentores principales que —acechando bajo el argumento del oprobio y las prendas de la diversidad— contribuyen con cuantiosos recursos económicos para que toda esta cacería planetaria sea simultánea, sistemática y organizada.
“Racismo”
En mayo del año 2019, la escuela secundaria George Washington de la ciudad de San Francisco decidió invertir 600.000 dólares para destruir una serie de trece murales que cubren 150 metros cuadrados y narran la historia del primer presidente estadounidense, George Washington. El autor de las obras, Victor Arnautoff, fue un artista soviético que había emigrado a Estados Unidos y que en la década de 1930 pintó murales en edificios públicos para la Administración de Trabajo del gobierno, un proyecto de Franklin Roosevelt para darle empleo a artistas desempleados por la Gran Depresión. En los murales de Arnautoff, Washington les da órdenes a sus esclavos, los exploradores matan indios y el prócer aparece rodeado de sirvientes.
La escuela eliminó esas pinturas, no porque defiendan la idea de un prócer impoluto, sino porque «la presentación de minorías solo como víctimas es una agresión a nuestro alumnado. Queremos brindarles a nuestros alumnos un ambiente seguro» (sic).
En Uruguay, en el año 2018, se suscitó una polémica a propósito de un cartel en el que se muestra a una mujer negra amamantado a un bebé blanco. El afiche respondía a la convocatoria anual que hacen los organizadores de la fiesta de la Patria Gaucha, en Tacuarembó. El MIDES, a través de la ministra Marina Arismendi, lo consideró «racista y retrógrado» («Nos atrasa un siglo y medio», dijo la ministra). Del mismo modo que alguien podría haberse visto afectado por alguna razón genuina (tatarabuelos negros y esclavos), también se podría ver un homenaje a la relación desinteresada entre una nodriza y un niño que necesitaba alimento. Se podrá refutar que quienes así opinan tienen una mirada ingenua y pastoril a propósito del sufrimiento que padecieron los esclavos. Sin embargo, podría haber tanto racismo en quien pide que se retire la figura de la mujer negra, como en quien utilizó la estampa de la misma mujer para promover un evento folclórico.
La Diputada por el Partido Nacional, Gloria Rodríguez Santo (una legisladora de piel negra), escribió lo siguiente: «Es en esa imagen del “ama de leche”, quizás por nuestro orgullo de ser afrodescendientes, que vemos un mensaje mucho más profundo y positivo que a la época o a las prácticas nefastas a las que pueda retrotraer.»
En Londres, la guionista británica Karla Marie Sweet se quejó de que no entendía la ausencia de actores negros en la exitosa serie de HBO Chernóbil, basada en la tragedia ocurrida en 1986 en la central nuclear de la Ucrania soviética. Sweet explicó en Twitter que se sentía «decepcionada» al ver «un programa exitoso con un elenco masivo» que invisibiliza a «las personas de color» (sic). En respuesta, uno de los comentaristas le respondió: «No había personas “de color” porque en esa zona de la ex Unión Soviética el tipo racial predominante es el blanco-rubio». Luego de ese intercambio, la guionista restringió el acceso a su cuenta. Pero, como señalé más arriba, la censura está dirigida no solo a la obra, sino también a sus autores. Si esos creadores, además, tienen un oscuro pasado en sus vidas privadas, tanto mejor. En este momento de revisionismo, un grupo de historiadores descubrió —hurgando en documentos y testimonios de su biografía— que Mahatma Gandhi llegó a abrazar el racismo durante su juventud. El objetivo es desacreditar sus acciones y echar por tierra su consagración como sujeto pacifista y líder de masas.
“Ciencia racista y misógina”
Según relata el crítico Jorge Barreiro, un grupo de estudiantes de la Universidad de las Artes de Filadelfia pidió que no se dejara hablar, y que se despidiera, a la profesora —y feminista— Camille Paglia, una de sus académicas más prestigiosas, por sus críticas al feminismo hegemónico, a la teoría posmoderna del constructivismo sociocultural —personificado, según ella, en Foucault y Derrida— y a su oposición a la discriminación positiva en favor de las mujeres por considerarla una forma de minusvalorarlas. El rector se negó, finalmente, a las pretensiones censoras de los estudiantes. En algunas universidades australianas las carreras de los astrónomos y astrofísicos no dependen solo de sus méritos académicos, sino también de sus identidades personales —varón, blanco y heterosexual corren últimamente con desventaja— y de sus antecedentes en asuntos de «diversidad». Para aspirar a cargos y recursos —en astronomía— se exige al interesado que escriba una «declaración sobre diversidad» (sic).
A la psicóloga y socióloga estadounidense Linda Gottfredson le cancelaron una conferencia en la Universidad de Gotemburgo por sostener cosas tan «inauditas» como que hay evidencia de que algunas pautas conductuales no obedecen solo a construcciones sociales, sino también a factores genéticos. Se le comunicó que su invitación había sido anulada debido a las protestas de otros investigadores que sostenían que «las conclusiones no igualitarias» de Gottfredson contravenían las normas éticas del organizador. Pero la coerción hacia quienes piensan distinto no se suscita solo con la ciencia; el oscurantismo también afecta a principios democráticos y de igualdad largamente arraigados en nuestra tradición republicana, como la presunción de inocencia, el derecho a un juicio imparcial, y a la libertad de creación artística, que ya se suponía a resguardo de los imperativos religiosos o morales. La carrera académica del profesor y abogado Ronald S. Sullivan Jr., el primer decano negro de la historia de Harvard, llegó a su fin cuando las autoridades de la universidad anunciaron que no le renovarían su mandato. Su pecado fue el de haberse sumado al equipo de defensa de Harvey Weinstein, el productor de Hollywood acusado de abusos sexuales y que disparó la creación del movimiento #MeToo. Los estudiantes consideraron que Sullivan «ya no era de fiar como académico» (sic). Se deduce que, para las autoridades de Harvard, una conquista civilizatoria como la presunción de inocencia —rubricada en la Constitución— y el derecho a disponer de abogados defensores, son meros detalles que deben sacrificarse en el altar de la lucha contra el sexismo.
Hay muchos más ejemplos de descalificación moral hacia los científicos «heréticos». La prueba más categórica es la reciente creación de la revista Journal of Controversial Ideas, para que los académicos que escriben sobre temas controvertidos (¿habrá algún tema científico que no haya sido controvertido en algún momento?) puedan publicar… anónimamente. Entiéndase bien: se está empujando a quienes tienen el genuino derecho a discrepar a que lo hagan, pero desde las sombras.
Uno de sus promotores, el profesor de filosofía de la Universidad de Oxford, Jeff McMahan, recordó que «Las amenazas de fuera de la universidad suelen provenir más de la derecha. Las amenazas a la libre expresión y a la libertad académica en el seno de la universidad suelen provenir de la izquierda».
Según Barreiro, sobre el clima intelectual imperante en la facultad de Ciencias Sociales de Uruguay, el profesor Nicolás Trajtenberg ha llegado a sufrir la estigmatización y la descalificación de quienes no adhieren a las corrientes de la izquierda identitaria hegemónica. Cualquiera que se atreva a desafiar el canon —marxismo cultural, feminismo de género y políticas identitarias en general— es tachado de sexista, racista, homófobo, islamófobo o «neoliberal» —incluso fascista, llegado el caso— porque, cuando se va escaso de argumentos, no hay mejor recurso que la descalificación ad hominem, previa alegación de ofensa. La advertencia para los futuros investigadores es clara: hay temas «sensibles» que no conviene abordar. No decir en público lo que se piensa en privado por temor al descrédito o el estigma es una decisión bastante corriente. Esto erosiona la libertad académica y de expresión en general, el progreso del conocimiento y hasta algunos principios básicos del orden democrático. Todo hallazgo científico —tanto de las ciencias naturales como de las sociales— debería ser impugnado, contradicho o cuestionado. ¿Por qué no refutar a Carl, a Paglia, a Gottfredson y a Sullivan? ¿Qué mal podría derivarse de confrontar ideas rivales?
Los ya célebres «espacios seguros» que reclaman los estudiantes en los campus anglosajones no refieren solo al acoso sexual o a que las autoridades eliminen «murales ofensivos». Un «espacio seguro» es también aquel en el que el educando se halla «a resguardo de las ideas que le hacen mal» (sic). Por tanto, esas ideas se suprimen.
Corolario
La idea de ficción, que madura en la Europa medieval con la eclosión de la novela, se ha quebrantado de forma grave en el siglo XXI, lo cual atenta contra su sentido de existencia. Hoy, si esa ficción quiere dar lucha por su libertad —en el debido marco del respeto y de lo que se supone se debe interpretar por humor o estereotipo—, deberá enfrentarse a dudosas adaptaciones, modificaciones, y formar parte de listas negras o escraches. Hace un tiempo anduvo circulando en las redes sociales un listado de «las diez canciones más misóginas de la música uruguaya» (sic). En el podio se hallaba el tema La hermana de la coneja (Jaime Roos/ Raúl Castro), pero las más cuestionadas siguen siendo las letras de tangos. «El tango no ha ofrecido una imagen de mujer autónoma y de avanzada, sino que tiene un claro componente machista y paternalista en sus letras, pero queremos otro tango» (sic), reclamó la senadora uruguaya Constanza Moreira, volviendo a confundir ficción con literalidad y testimonio histórico con ofensa y culpa social.
Varios observadores han advertido que en la historia contemporánea, quienes mejor han aplicado la lógica de estas acciones censoras, han sido aquellos regímenes donde universidad pública, partido y Estado son uno solo.
En suma, cuando las estructuras de poder aspiran a la prolongación inerte de sus dogmas, el artista y su obra terminan impugnados o directamente eliminados. A ese artista entonces se le teme, como se le temió a Masaccio, a Klimt, a Bellmer, a Manet, a Zola y a Onetti. Varios de ellos, expatriados o encarcelados. El humor, el arte, la libertad de expresarse fundada en la lengua «convencional» y —sobre todo— en la capacidad de simbolizar, se arrojan a la censura. Así como el Ku Klux Klan ordenó una fogata con discos de los Beatles en Texas en 1966, los nuevos emisarios del oscurantismo procuran arrojar a una nueva hoguera las obras que no se ajustan a los parámetros de sus agendas progresistas.
En consecuencia, la censura contra un arte que no se aviene a sus esquemas siembra el desprecio por el arte y la cultura, elimina el diálogo, fomenta la intolerancia y promueve la violencia. Será el triunfo de una literalidad plana bajo el cercenamiento a las libertades. Será, en nombre de la ofensa, el triunfo del fascismo.
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2018.04.20 07:08 MexWevC The Brutal History of Anti-Latino Discrimination in America / La historia brutal de la discriminación antilatina en América

www.history.com/news/the-brutal-history-of-anti-latino-discrimination-in-america
Olvera Street es un ícono de Los Ángeles, un próspero mercado mexicano lleno de coloridos recuerdos, restaurantes y restos de los edificios más antiguos de Los Ángeles. Pero aunque el brillante destino turístico rebosa de visitantes, pocos se dan cuenta de que una vez fue el lugar de una aterradora incursión.
En 1931, los agentes de policía agarraron a mexicano-americanos en la zona, muchos de ellos ciudadanos de los EE. UU., Y los metieron en furgonetas esperando. Los agentes de inmigración bloquearon las salidas y arrestaron a unas 400 personas, que luego fueron deportadas a México, independientemente de su ciudadanía o estado migratorio.
La redada fue solo un incidente en una larga historia de discriminación contra la gente latina en los Estados Unidos. Desde la década de 1840, los prejuicios anti-latinos han llevado a deportaciones ilegales, a la segregación escolar e incluso a los linchamientos, eventos a menudo olvidados que se hacen eco de las violaciones de los derechos civiles de los afroamericanos en el sur de la era Jim Crow.
La historia de la discriminación hispanoamericana comienza en gran medida en 1848, cuando Estados Unidos ganó la guerra entre México y los Estados Unidos. El Tratado de Guadalupe Hidalgo, que marcó el final de la guerra, otorgó el 55 por ciento del territorio mexicano a los Estados Unidos. Con esa tierra vinieron nuevos ciudadanos. A los mexicanos que decidieron quedarse en lo que ahora era el territorio de los EE. UU. Se les otorgó la ciudadanía y el país ganó una considerable población mexicoamericana.
A medida que avanzaba el siglo XIX, los acontecimientos políticos en México hicieron popular la emigración a los Estados Unidos. Esta fue una buena noticia para los empleadores estadounidenses, como Southern Pacific Railroad, que necesita desesperadamente mano de obra barata para ayudar a construir nuevas pistas. El ferrocarril y otras compañías incumplieron las leyes de inmigración vigentes que prohibían la importación de mano de obra contratada y enviaron reclutadores a México para convencer a los mexicanos de emigrar.
El sentimiento nti-latino creció junto con la inmigración. A los latinos se les prohibió la entrada a establecimientos anglos y se los segregó en barrios urbanos en áreas pobres. Aunque los latinos eran críticos para la economía de EE. UU. Ya menudo eran ciudadanos estadounidenses, todo, desde su idioma hasta el color de su piel y sus países de origen, podía utilizarse como pretexto para la discriminación. Los angloamericanos los trataban como una clase marginal extranjera y perpetuaban los estereotipos de que los que hablaban español eran perezosos, estúpidos e indignos. En algunos casos, ese prejuicio se volvió fatal.
Según los historiadores William D. Carrigan y Clive Webb, la violencia de la mafia contra las personas de habla hispana era común a fines del siglo XIX y principios del XX. Estiman que el número de latinos asesinados por las multitudes puede llegar a miles, aunque la documentación definitiva solo existe para 547 casos.
La violencia comenzó durante la fiebre del oro de California justo después de que California se convirtió en parte de los Estados Unidos. En ese momento, los mineros blancos imploraban a los ex mexicanos una parte de la riqueza producida por las minas californianas, y algunas veces promulgaban la justicia de los vigilantes. En 1851, por ejemplo, una turba de vigilantes acusó a Josefa Segovia de asesinar a un hombre blanco. Después de una prueba falsa, la llevaron a la calle y la lincharon. Más de 2,000 hombres se reunieron para mirar, gritando calumnias raciales. Otros fueron atacados bajo la sospecha de fraternizar con mujeres blancas o insultar a personas blancas.
Incluso los niños se convirtieron en víctimas de esta violencia. En 1911, una turba de más de 100 personas ahorcó a un niño de 14 años, Antonio Gómez, después de que fue arrestado por asesinato. En lugar de dejarlo pasar un tiempo en la cárcel, la gente del pueblo lo linchó y arrastró su cuerpo por las calles de Thorndale, Texas.
Estos y otros horrendos actos de crueldad duraron hasta la década de 1920, cuando el gobierno mexicano comenzó a presionar a los Estados Unidos para que detuvieran la violencia. Pero aunque la brutalidad de la mafia eventualmente sofocó, el odio a los estadounidenses de habla hispana no lo hizo.
A fines de la década de 1920, el sentimiento antimexicano se disparó cuando comenzó la Gran Depresión. A medida que la bolsa de valores se desplomaba y el desempleo crecía, los angloamericanos acusaron a mexicanos y otros extranjeros de robar empleos en Estados Unidos. Los mexicano-americanos se desanimaron e incluso se les prohibió aceptar ayuda caritativa.
A medida que se extendieron los temores sobre el empleo y la economía, Estados Unidos eliminó por la fuerza hasta 2 millones de personas de ascendencia mexicana del país, de las cuales hasta el 60 por ciento eran ciudadanos estadounidenses.
Llamadas eufemísticamente como "repatriaciones", las expulsiones no fueron voluntarias. A veces, los empleadores privados conducían a sus empleados a la frontera y los echaban. En otros casos, los gobiernos locales cortaron el socorro, asaltaron lugares de reunión u ofrecieron tarifas de tren gratuitas a México. Colorado incluso ordenó a todos sus "mexicanos" -en realidad, a cualquiera que hablara español o que pareciera tener ascendencia latina- que abandonaran el estado en 1936 y bloquearan su frontera sur para evitar que la gente se fuera. Aunque las autoridades de inmigración nunca emitieron un decreto formal, los funcionarios del INS deportaron a unas 82,000 personas durante el período.
El impacto en las comunidades de habla hispana fue devastador. Algunos mexicano-americanos de piel clara intentaron hacerse pasar por españoles, no mexicanos, en un intento de evadir la aplicación de la ley. Las personas con discapacidades y enfermedades activas fueron retiradas de los hospitales y arrojadas a la frontera. Como dijo una víctima de "repatriación" a Raymond Rodríguez, quien escribió una historia del período, la Década de la Traición, "bien podrían habernos enviado a Marte".
Otros, como el padre de Rodríguez, no esperaron las redadas o la ejecución y regresaron a México de forma independiente para escapar de la discriminación y el temor a ser destituidos. Su esposa se negó a acompañarlo y la familia nunca lo volvió a ver.
Cuando las deportaciones finalmente terminaron alrededor de 1936, hasta 2 millones de mexicoamericanos habían sido "repatriados". (Debido a que muchos de los intentos de repatriación fueron informales o llevados a cabo por compañías privadas, es casi imposible cuantificar el número exacto de personas que fueron deportadas. ) Alrededor de un tercio de la población mexicana de Los Ángeles abandonó el país, al igual que un tercio de la población de origen mexicano en Texas. Aunque tanto el estado de California como la ciudad de Los Ángeles se disculparon por la repatriación a principios de la década de 2000, las deportaciones se han desvanecido en gran parte de la memoria pública.
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2016.11.09 13:26 racortmen Como se vota en EEUU?..

Seguramente muchos sabrán tanto o mas de esto, lo pongo como información para desconocedores del tema.
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Lo que parece es que allí no tienen reparos en preguntar de todo, marihuana, pena de muerte, preservativos en el porno etc aquí se huye de eso no vaya a ser que salga lo que no les gusta.
Persisten leyes muy antiguas, el voto popular elige a 538 electores que a su vez eligen al presidente que necesita al menos 270 electores.
Cada Estado tiene un numero de electores diferentes, basta tener una pequeña mayoría de votos populares para que se adjudiquen todos los electores a ese candidato, realmente en votos directos Trump no ha superado en mucho a Clinton.
Habrá muchas explicaciones para lo ocurrido, yo no me sentaría ni con uno ni con otro a tomar una cerveza, la gente se escandaliza del Trump racista, sectario, misógino, xenófobo, con un mal body lenguaje, grosero, faltón, lleno de excesos, bien pero nadie habla de la Hillary belicista, a mi me parece una muñeca diabólica, algunos demócratas habrán echado de menos a Berni Sanders.
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COMO SE VOTA EN EEUU?
El sistema electoral americano es complejo y singular. Muchas de las leyes son antiguas y a día de hoy no se han modificado. Por ello, entre otras cosas, se vota en martes, hay que estar registrado y lo que más choca es que el voto popular no elige al presidente. El candidato más votado en las elecciones de Estados Unidos puede no mudarse a la Casa Blanca. Aquí explicamos algunas claves de los comicios presidenciales que se celebran este 8 de noviembre.
¿Por que se vota en martes?
Las elecciones siempre son el primer martes después del primer lunes de noviembre. Es por una ley del siglo XIX, de cuando la agricultura tenía un papel preponderante en la sociedad americana, la gente se desplazaba en carruajes y a caballo y sólo podían votar los hombres blancos. Para estas fechas, la cosecha había acabado, aún hacía buen tiempo y así no coincidía con la festividad de Todos los Santos para los católicos.
Además, se eligió el martes para que los hombres se pudieran desplazar hasta el punto de votación sin problemas. Así si tenían que salir el día antes, no lo hacían en domingo, día sagrado y de oración para los cristianos. Y el fin de semana se descartó porque los judíos guardan el sabbat y los cristianos el domingo.
Ha habido varias iniciativas para cambiar esta ley y que la votación no sea en un día laborable y lectivo, pero todas han fracasado.
¿Qué es el colegio electoral?
El voto popular no elige al presidente ni al vicepresidente de forma directa. Desde hace 229 años lo hace una institución llamada colegio electoral, integrado por 538 electores o compromisarios de todos los estados. Esa cifra es igual al total de senadores y congresistas (100+435) del país norteamericano, y los tres representantes del Distrito de Columbia, ubicado en la capital.
Cada estado tiene el mismo número de compromisarios que parlamentarios. Salvo Maine y Nebraska, todos los estados adjudican el total de compromisarios a quien gana el voto popular. El sistema se llama Winner takes all. Sólo esos dos estados los reparten de forma proporcional y por distritos. Los estados con más compromisarios son California (55), Texas (38), Florida y Nueva York (29), Pensilvania e Illinois (20) y Ohio (18).
El candidato que tenga 270 compromisarios será el próximo presidente. No siempre quien gana el voto popular es elegido presidente. Ha pasado ya cuatro veces, el último caso fue el de Al Gore y George W. Bush en el año 2000. El candidato obtuvo más votos, pero se quedó en 266 compromisarios después de perder Florida por un margen estrechísimo. Puede haber electores desleales, pero hasta ahora en la historia nunca un compromisario desleal ha determinado la elección de un presidente. Este año hay uno del estado de Washington que ya ha dicho que no votará por Clinton, que previsiblemente se llevará el estado norteño.
Si ningún candidato suma 270 electores, será el Congreso quien elija al presidente y el Senado al Vicepresidente. La Duodécima Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, aprobada en 1804, así lo establece.
Los republicanos gozan actualmente de una holgada mayoría en la Cámara de Representantes (247 frente a 188), por lo que la elección de Trump, incluso con alguna disidencia interna, parece un hecho.
¿Cuando habrá próximo presidente?
Tras las elecciones, los compromisarios del colegio electoral se reunirán el lunes que sigue al segundo miércoles de diciembre, este año el día 19, en los parlamentos estatales y votarán. Después los votos certificados se envían al Senado, donde se ordenan sin abrirlos por orden alfabético y se guardan en dos cajas de caoba. El 6 de enero el Congreso se reunirá en sesión conjunta para hacer el recuento y se declarará un ganador, que será investido presidente el 20 de enero.
¿Qué y cuáles son los estados bisagra?
Nevada, Iowa, Ohio, Carolina del Norte, Pensilvania y Florida son los estados más determinantes de cara a la elección del próximo presidente. También se conocen como swing states o battleground states. Estos estados no tienen un claro candidato como favorito y por ello Clinton y Trump se han centrado en ellos en la recta final de la campaña. Pueden decantar la balanza a favor de republicanos o demócratas y son los estados a los que hay que estar atento la noche electoral.
¿Qué se vota en el Senado y en el Congreso y qué importancia tiene?
En 2014 hubo elecciones parlamentarias y los republicanos tienen mayoría en el Congreso, o Cámara de Representantes, y en el Senado. La relación de fuerzas puede cambiar en las próximas elecciones. Además de la presidencia, también hay en juego 34 escaños de los 100 que componen el Senado y los 435 congresistas de la Cámara de Representantes.
Esa mayoría republicana ha impedido que Obama pueda desarrollar del todo algunas políticas, como acabar con el embargo a Cuba, tipificado por las leyes estadounidenses. Ello ha llevado a grandes donantes del Partido Republicano que daban la batalla de Trump por perdida, o que simplemente se negaban a apoyarlo, a financiar carreras de otros políticos al Senado y Congreso para afianzar y retener la fuerza parlamentaria aunque Clinton sea la próxima presidenta.
Los demócratas tienen la esperanza de recuperar el control de la Cámara Alta, algo que harían con cinco senadores más.
¿Cuál es la simbología del Partido Republicano y del Partido Demócrata?
El elefante es el animal oficial de los republicanos, mientras que el asno es el símbolo no oficial de los demócratas. Los emblemas adoptados en el siglo XIX representan la fuerza y la inteligencia (elefante), así como la humildad y el coraje (asno). Ambos símbolos los popularizó el caricaturista estadounidense de origen alemán Thomas Nast.
El azul representa a los estados federados de mayoría demócrata, mientras que el rojo simboliza a los estados en los que ganan los republicanos. El azul domina especialmente en el noreste y en el oeste, mientras que son rojos sobre todo el sur y el centrooeste.
El Partido Republicano, también conocido como Grand Old Party, aboga por rebajas fiscales, menos Estado y valores conservadores y religiosos. Actualmente tiene la mayoría en la Cámara de Representantes. George W. Bush (2001-2009) ha sido hasta ahora el último presidente republicano.
El Partido Demócrata es uno de los dos grandes partidos de Estados Unidos. Hasta la fecha ha colocado en la Casa Blanca a seis de los 12 presidentes de la posguerra. En comparación con los republicanos, los demócratas son más bien liberales de izquierda y tienen sus bastiones electorales sobre todo en el noreste y en la costa del Pacífico.
Además de Hillary Clinton y Donald Trump, ¿qué otros partidos y candidatos se presentan?
Además de los dos partidos del sistema tradicional bipartidista de Estados Unidos, demócratas y republicanos, también se presentan a las elecciones el Partido Libertario, con Gary Johnson como candidato, y el Partido Verde, con Jill Stein; además de otras formaciones minoritarias como el Partido por el Socialismo y la Liberación, con Gloria de la Riva como candidata.
En Utah se presenta el candidato independiente Evan McMullin, que es mormón y podría llegar a ganar –muchos sondeos le sitúan cerca de Trump– en el estado donde el 60% de la población confiesa esa fe.
¿Qué más se vota el 8 de noviembre?
Además de elegir parlamentarios y presidente y un nuevo Gobierno, y otras elecciones locales, aprovechando la elección de este martes habráreferéndums y otras votaciones y varios estados.
Los votantes de California, Arizona, Nevada, Massachusetts y Maine mostrarán su opinión sobre iniciativas estatales para legislar el consumo recreativo de marihuana. Por el momento, este uso del cannabis está permitido en Alaska, Washington, Colorado, Oregón y el Distrito de Columbia. Además, Arkansas, Florida, Dakota del Norte y Montana decidirán si aprueban el empleo de la marihuana con fines medicinales, un aspecto ya regulado en veinticinco entidades de la nación.
En California hay 17 propuestas que se votan. Además de la legalización de la marihuana, Destaca una sobre la pena de muerte y otra sobre el uso obligatorio de preservativo en los rodajes de películas porno. De aprobarse, la industria pornográfica amenaza con hacer las maletas y trasladarse a Florida.
También hay una sobre el precio de los medicamentos. Los electores podrán decidir si el estado debe negociar con las compañías farmacéuticas los precios de los medicamentos con receta que no sean superiores a los que paga el Departamento de Veteranos de EE.UU., un 25% más baratos de media. De los 115 millones de dólares invertidos en la campaña, 109 los han puesto las farmacéuticas contrarias a la medida.
Otra de esas iniciativas se refiere también a la pena capital. Los defensores de las ejecuciones, entre ellos asociaciones de policías y abogados, piden el apoyo a la “Pop 66”, que propone la aceleración de las ejecuciones, abreviar los procesos de apelación y reducir la cifra de recursos posibles para evitarla. Si resultan aceptadas las dos propuestas sobre la pena de muerte, de signo opuesto, ganaría la iniciativa que reciba la mayor parte de los votos.
Con la abolición de la pena de muerte, California podría seguir el ejemplo de 20 estados norteamericanos en los que ya se prohibieron las ejecuciones, en parte por decisión parlamentaria. Más de 2.900 hombres y mujeres esperan en Estados Unidos a ser ejecutados.
Colorado, con nueve, es otro de los estados que más propuestas presenta, dos de ellas muy controvertidas. Por un lado, los electores están llamados a aprobar el ColoradoCare, un sistema de asistencia sanitaria universal sin precedentes en el país y que tiene el apoyo del senador progresista Bernie Sanders. Por el otro, una propuesta que prevé legalizar la muerte asistida bajo determinadas circunstancias, como ya pasa en California, Oregón, Montana, el estado de Washington y Vermont.
Nueva Jersey, por su lado, lleva a las urnas la construcción de dos casinos que supondría el fin del monopolio en este campo de la decaída Atlantic City. Estados vecinos como Massachusetts y Rhode Island también decidirán sobre la construcción de nuevos casinos.
Desde hace siete años, el sueldo mínimo en EE.UU. fijado por el Congreso es de 7,25 dólares la hora. Es por eso que Colorado, Maine y Arizona votarán aumentarlo a 12 dólares la hora y el estado de Washington a 13,50. Dakota del Sur, por su lado, pretende rebajar en un dólar el sueldo mínimo de 8,50 para los menores de 18 años.
También en varios estados se votarán incrementos en el impuesto al tabaco: California 2 dólares por cajetilla, Dakota del Norte 1,76 dólares y 1,75 en Colorado, mientras que en Misuri compiten dos propuestas de 23 y 60 centavos. Aunque se aprueben las subidas, lejos quedan los 14 dólares que vale la cajetilla en Nueva York.
El estado de Washington puede pasar a la historia por un impuesto sin precedentes en EE.UU.: sus ciudadanos votarán un gravamen para las emisiones de dióxido de carbono, una medida inspirada en la vecina Columbia Británica (Canadá), que la implementó en 2008.
En Massachusetts pretenden prohibir que los animales de cría vivan en condiciones de “confinamiento” y en Colorado, dentro de su paquete de medidas progresistas, abolir de una vez por todas la “esclavitud” o “servidumbre involuntaria”, que hoy en día todavía contempla su Constitución para los presos.
Más allá de las 154 propuestas estatales, los ciudadanos de Washington, la capital de EE.UU., quieren dar luz verde a la redacción de una Constitución para el Distrito de Columbia como primer paso en su propósito de constituirse en el estado número 51, algo que eventualmente debería validar el Congreso.
Finalmente, además de las consultas estatales y la de Washington hay decenas convocadas a nivel local. Una de las más controvertidas es la que votarán diversas ciudades de California, como San Francisco, para fijar unimpuesto a las bebidas azucaradas. La industria de los refrescos ha invertido 30 millones de dólares a favor del “no” en esas consultas.
¿Hay que registrarse para votar?
El censo de Estados Unidos lo conforman los votantes registrados, no todos las personas que por su edad pueden ejercer su derecho a voto. El periodo y el modo de registro (puede ser presencial y online) es diferente en cada estado. En algunos estados se puede hacer el mismo día de las elecciones y muchos votantes ya están registrados en uno u otro partido. Los que no se decantan se registran como independientes, aunque no tienen la obligación de votar según el registro. Los plazos también varían en cada estado.
¿Se puede votar antes del 8 de noviembre?
Sí. Hay 37 estados que permiten el voto anticipado. Además, algunos de ellos permiten cambiar el voto emitido con antelación el mismo día de las elecciones en un punto de votación.
El voto anticipado apunta dos tendencias claras: los latinos acuden a las urnas con más pasión que en anteriores comicios, lo que beneficia a la candidata demócrata Hillary Clinton, pero los afroamericanos muestran mayor desgana, lo que favorece al republicano Donald Trump.
Según los últimos datos, para el 5 de noviembre casi 40 millones de estadounidenses habían depositado su voto, una cifra superior al total de algo más de 32 millones de votos anticipados de 2012.
¿Qué pasará con las cuentas presidenciales en las redes sociales?
Barack Obama ha sido el primer inquilino de la Casa Blanca presente en las redes sociales. La cuenta @POTUS (President of the United States), con sus casi 11 millones de seguidores, pasará al ganador de los comicios, al igual que la cuenta de Facebook e Instagram, y las cuentas de la primera dama y del vicepresidente Biden. Los tuits y los posts se borrarán y los que hay ahora pasarán a la cuenta @POTUS44, ya que es el presidente número 44 de Estados Unidos. Con lo que el próximo presidente tendrá a los seguidores, pero empezará de cero.
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2016.11.07 04:28 lulydelmar1 En la nota "El problema no es Trump" del pistolero mediático inglés John Carlin de El Pais, carga contra los votantes, a los que desprecia. Es evidente que esta nota, refleja a una ultraderecha global elitista y antidemocrática.

La nota:
"El problema no es Trump"
Decenas de millones de estadounidenses apoyan a un candidato que no tiene causa, sino enemigos.
"El demagogo es aquel que predica doctrinas que sabe que son mentira a gente que sabe que es idiota" H.L. Mencken
El problema no es Donald Trump. El problema es el trumpismo, un cóctel de odio y fascismo repleto de mentiras e incoherencias confeccionado sobre la marcha por Trump y sus aduladores en un proceso febril de incitación mutua.
Los ingredientes del odio los conoce cualquiera que ha prestado una mínima atención a la campaña presidencial de Estados Unidos: denigra a los mexicanos, a los musulmanes, a los judíos, a los negros, a los inmigrantes en general, a los minusválidos, a los intelectuales y a las mujeres, especialmente las mujeres modernas, postfeministas e independientes, cuya imagen más visible es su rival para la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton.
Los ingredientes fascistas tampoco han sido difíciles de identificar: Trump, apoyado en su candidatura por el diario oficial del Ku Klux Klan, expone que si llega a la presidencia encarcelará a Clinton, desdeñando el principio democrático de la independencia judicial; que si no llega, no respetará el resultado, sugiriendo a la vez que podría animar a sus partidarios a alzarse en armas; que la tortura es deseable como método de interrogación; que los musulmanes en Estados Unidos, como los judíos en la época nazi, deben estar todos identificados en una base de datos.
Pero el problema no es Donald Trump, por más que sea la expresión hecha carne de casi todo lo que es vil en el ser humano. El problema es la gente que cree que semejante bicho es digno de ser el presidente de Estados Unidos, el país con más poder sobre la humanidad que cualquier otro. El problema es que decenas de millones de estadounidenses piensen votar por un hombre que dice que el gobernante que más admira en el mundo es el dictador ruso y exoficial del KGB Vladímir Putin. El problema es la idiotez de la jauría trumpista.
“Amo a los que no tienen educación”, declara Trump, y las multitudes le vitorean. Les ama porque no saben distinguir entre la verdad y las mentiras en las que se basa, que, como está bien documentado, conforman el 70% de lo que dice.
Un ejemplo entre miles. Trump insiste en que el índice de homicidios en Estados Unidos hoy es el más alto en 45 años. Trump se queja ante sus devotos de que la prensa jamás lo menciona. No lo hace porque es mentira. El índice de homicidios fue el doble en 1980 que en 2015.
Lo que hace Trump es presentar una imagen de Estados Unidos aterradora, una especie de Estado fallido hundido en la criminalidad y la miseria. Es el viejo truco del demagogo fascista, sea este Hitler, Franco o Mussolini, sea el enemigo el comunismo o la conspiración judía. Confiad en mí; solo yo soy capaz de salvaros.
El problema no es Trump; el problema son los que creen en él. Como nos recuerda una crítica en el New York Times de la biografía más reciente de Hitler, escrita por un historiador alemán llamado Volker Ullrich: “Lo que realmente da miedo en el libro de Ullrich no es que Hitler pudiera haber existido, sino que tanta gente parece haber estado esperando que apareciera”.
Es verdad que el apelativo de fascista se ha escupido con exagerada frecuencia y ligereza desde los años treinta. Pero en este caso, ya que de lo que se habla es la campaña de Trump para ascender al poder, la comparación no es frívola. Reputados intelectuales de izquierda y derecha en Estados Unidos, entre ellos el profesor universitario de economía Robert Reich y el historiador Robert Kagan, han definido explícitamente como de carácter fascista el culto al hombre fuerte redentor que se ha creado alrededor de la figura de Trump.
La victoria electoral de Hitler en 1933 fue el triunfo del odio, la barbarie y la estupidez. Una victoria para Trump en las elecciones de mañana sería lo mismo. No existe lógica alguna para que decenas de millones de estadounidenses, el grueso de ellos aparentemente hombres blancos que se sienten marginados y resentidos, vean en Trump el hombre que les devolverá a la prosperidad. La parte del cerebro que utiliza la razón no entra en juego. Trump es un billonario que no ha pagado impuestos en 20 años y está favor de que se recorten los impuestos de los mega ricos aún más.
La parte del cerebro que sí entra en juego es la más primaria y animal. La del miedo y la agresión, la de la manada. Tony Schwartz, que hace 30 años vendió su alma y escribió para Trump su libro El arte de la negociación, llegó a conocer al actual candidato presidencial mejor que casi nadie. “Trump está solo un eslabón por encima de la jungla”, dijo en una entrevista la semana pasada con el Times de Londres. “Su visión del mundo es tribal”.
Lo cual sería solo un problema para aquellos de sus familiares y conocidos que lo tienen que aguantar si no fuera por el hecho de que las masas descerebradas le adoran y existe el serio riesgo de que acabe ocupando la Casa Blanca. No hay análisis político que lo explique. Esa herramienta sobra. Para entender el fenómeno Trump hay que recurrir a la antropología, en este caso al estudio del animal humano en su versión más salvaje y primitiva. Porque el trumpismo no tiene causa; tiene enemigos. No propone esperanza; propone odio.
El problema no es Trump. Lo fantástico, lo grotesco, lo surreal es que en vísperas de las elecciones las encuestas digan que el odio, la barbarie y la estupidez tienen una razonable posibilidad de triunfar, que no es disparatado pensar que Trump consiga los votos necesarios para ser coronado presidente de Estados Unidos. Lo fantástico, lo grotesco, lo surreal es que tantos millones de los habitantes del país más próspero del mundo compartan su visión tribal, que no solo Trump sino sus devotos estén solo un eslabón por encima de la jungla.
Hasta aquí la nota
Es evidente que este personaje que escribe para el periódico global no es otra cosa que un pistolero que vive de las migajas que le tiran como a un perro una elite global que desprecia el voto popular. Desprecia el voto popular en la medida en que no vaya en la dirección deseada, en un desprecio a la totalidad de los votantes.
Si bien es cierto que a Trump se lo puede rotular de la peor manera e incluso insultarlo, porque el mismo ha hecho del insulto el eje de su campaña para poder ganar la nominación republicana, porque de otro modo nadie ajeno a la elite política, la hubiera ganado ni de coña, por más millones que tenga, Trump no es peor que Hillary, ni lo son sus votantes. De hecho una parte de los votantes de Bernie Sanders, votaran a Trump, o a la del Partido Verde o no irán a votar, porque Hillary aunque en el periódico global no lo muestre, despierta tanto odio como Trump y no por lo que dice, sino por lo que ha hecho y hace.
Pero eso poco importa para el pistolero al servicio del Capitalismo Global: Hillary es todo un ejemplo de demócrata.
No importa si bajo el gobierno de Obama de la que es una pieza fundamental y hasta más importante que el propio presidente haya más de 2,5 millones de presos, de los cuales la mayoría son inmigrantes. No importa si durante el gobierno de Obama se haya expulsado a más de 3 millones de inmigrantes ilegales y haya más de 7 en forma irregular y siendo explotados. Tampoco importa el record de afroamericanos asesinados por la policía. Ni que el sueño americano se haya pulverizado con la globalización. Tampoco importa que Hillary sea la campeona de la corrupción y que su Fundación haya recibido dinero de Arabia Saudí, de Qatar, de Marruecos, ni que sea Goldman Sachs la que le haya pagado cientos de miles de euros por conferencias en multinacionales. Las filtraciones de Wikileaks? Tampoco importan. No importa si la demócrata le haya robado las elecciones a Sanders y utilice a los votantes latinos o afroamericanos en su campaña, al tiempo que sus políticas desvastan a su país vecino, Mexico, donde en su frontera por cierto, existe un muro hace años donde mueren más inmigrantes que en el Mediterraneo.
Nada de eso importa: Los votantes de Trump son unos descerebrados, los de Hillary, no. Curioso llamar a decenas de millones de personas descerebrados y luego hablar de discriminación y fascismo, no?
Pero gracias al inescrupuloso, verborrágico e insultante Trump, ese millonarío que ni le llega a los tobillos a los dueños de Wall Street, los de la jungla, se enteran por primera vez que hay un país llamado Libia, que hay otro llamado Siria, y que quienes provocaron ese desastre como el de Irak son tanto las administraciones republicanas como demócratas y que Hillary, la Reina del Caos, ha fomentado armando y financiando a grupos terroristas.
También se enteran de algo inédito, y es que Putin aunque el pistolero de Prisa, lo llame dictador cuando no lo es, porque así lo han elegido democraticamente los otros ciudadanos de la jungla rusa, no es el ogro de las pelis de Hollywood. Y no esta mal que se enteren porque personajes como los que escriben la nota, están llevando con su propaganda de guerra a una situación insostenible a la propia Europa que destina decenas de miles de millones de euros a una confrontación militar de resultados imprevisibles y nefastos para los pueblos de Europa.
Para el ultraderechista global elitista y antidemócrata, solo cuenta Trump, como el mal. Nada dice de las bestias de las Azores, de los genocidios perpetrados por Cameron y Sarkozy en Libia, ni los posteriores apoyos al desastre en Siria y ni mencionar al periódico global para el que trabaja que funcionó como propaganda de guerra del desastre.
Tampoco habla de Ucrania, ni los apoyos a regimenes como el Saudi ni la venta de armas. Ni de la desaparición de 10 mil niños refugiados denunciada por Europol en suelo Europeo: eso nada tiene que ver con lo fantástico, grotesco y surreal, eso es la Democracia que impera en la UE.
No habla del golpe del IBEX35 y la investidura de Rajoy. Tampoco de la asfixia a los pueblos de Europa con la deuda soberana ni los desahucios. Eso para el pistolero mediático no es un insulto a la democracia y es algo normal y no denigra a nadie.
Y no lo es porque quienes se benefician con esas políticas, no son otros, que quienes están no a un eslabón por encima de la jungla que es el pueblo, sino en el vértice más alto de la pirámide. Por algo, Hillary, también apoyó el rescate financiero a los grandes bancos y la demencial carrera armamentística que pagan los ciudadanos de la jungla. Y claro, se enfadan y votan a cualquier cosa con tal de recuperar el sueño americano. Y esa es la propuesta de Trump como lema de campaña: "Volver a hacer grande America de nuevo". Y no es una propuesta revolucionaria sino reaccionaria, en los términos de una vuelta atrás que de ningún modo es posible sino solo como ilusión.
Que estos periodistas del Regimen no nos manipulen: que Trump no sea una alternativa real a Hillary, no quiere decir que sea peor. La realidad es que la gente en EEUU, sin opciones democráticas, tras el pucherazo contra Sanders, votará a favor de quién odie menos. Y en ese sentido, hay tanta gente que odia a Trump por lo que dice, como gente que odia a Hillary y no solo por el doble rasero de su discurso sino por lo que hace.
"El demagogo es aquel que predica doctrinas que sabe que son mentira a gente que sabe que es idiota"
Aplícatelo tú, Carlin, que no somos mercancías en manos de políticos corruptos, pistoleros mediáticos y banqueros.
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2016.06.05 00:19 ShaunaDorothy Tras la masacre de Newtown - Hipocresía burguesa y ardides por el control de armas (Febrero de 2013)

https://archive.is/jhJNJ
Espartaco No. 37 Febrero de 2013
Tras la masacre de Newtown
Hipocresía burguesa y ardides por el control de armas
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard No. 1015 (11 de enero de 2013), periódico de nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S.
Perpetrada en la secuela del asesinato de doce espectadores de una película en Aurora, Colorado, el 12 de julio de 2012, la masacre en la Escuela Primaria Sandy Hook de Newtown, Connecticut, llevada a cabo en diciembre por un individuo demente, llevó, como cabía prever, a un clamor renovado por que se limite más la posesión de armas de fuego en EE.UU. Con el presidente estadounidense Obama declamando que “no hay excusa para la inacción”, el New York Times (19 de diciembre) llamó a restaurar y fortalecer la prohibición de rifles de asalto que expiró en 2004. El 3 de enero, el primer día de sesiones de la nueva legislatura, se presentaron diez proyectos de ley sobre control de armas. Estas medidas prohibirían la posesión y transferencia de armas con cargadores de alta capacidad de municiones y requerirían una base de datos nacional de gente sin derecho a comprar armas de fuego, así como investigaciones de antecedentes para las transacciones en exhibiciones de armas, entre otras cosas.
Tal como las fuerzas reaccionarias de “la ley y el orden” señalan los asesinatos particularmente horrendos para impulsar una mayor aplicación de la bárbara y racista pena de muerte, así los liberales aprovechan las masacres como las de Virginia Tech y ahora Newtown para impulsar mayores restricciones o la prohibición total de la posesión de armas de fuego. El resultado en todos estos casos es que los derechos básicos de la población se ven pisoteados y el estado capitalista consolida y expande aun más sus asesinos poderes represivos.
Sólo un sociópata negaría el horror de lo que ocurrió en Newtown. Pero lo que está en juego ahora es una campaña renovada por parte del estado capitalista para imponer su monopolio de la violencia al destripar más aún el derecho a portar armas, el cual se codificó en la Segunda Enmienda de la Constitución estadounidense. Los marxistas nos oponemos a las leyes de control de armas y defendemos el derecho a la autodefensa armada, una necesidad de los trabajadores, los negros, las demás minorías y la población en su conjunto.
Un artículo de opinión en el New York Times (17 de diciembre) titulado “Reason to Hope After the Newtown Rampage” [Razones para tener esperanza tras la masacre de Newtown] presentaba a la población prácticamente deseosa de ceder sus derechos, y proclamó: “Los estadounidenses estamos dispuestos a cargar con el peso, como lo estuvimos tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, al aceptar el aumento en la seguridad cuando viajamos y acciones militares que antes hubiéramos evitado”. Eso es lo que dicen. El 3 de enero el presidente Obama continuó la campaña por el “aumento de la seguridad” al firmar la Ley de Autorización de la Defensa Nacional —el proyecto de ley anual de las apropiaciones militares— que permite la detención indefinida de ciudadanos estadounidenses.
El derecho a portar armas surgió de la Revolución Estadounidense y tuvo su antecedente en la Inglaterra de un siglo antes. A lo largo de las revoluciones burguesas de Europa y Norteamérica, que abarcaron desde el siglo XVII a mediados del siglo XIX, el principio de armar al pueblo, incluyendo el concepto de milicia popular, se consideraba parte de una defensa vital contra la tiranía. Pero, como señalamos en “The Second Amendment to the U.S. Constitution” [La Segunda Enmienda de la Constitución estadounidense] (ver WV No. 1015, aparecido por primera vez en Spartacist [Edición en inglés] No. 43-44, verano de 1989): “Con la aparición en escena del proletariado como actor independiente, ‘el pueblo armado’ se volvió anacrónico, pues la población quedó polarizada sobre líneas de clase”.
Los regímenes despóticos prefieren mandar sobre sujetos indefensos; un pueblo armado puede resistirse. Para los negros, la autodefensa armada y otros derechos básicos fueron ganados con la Guerra Civil que aplastó a la esclavitud...e inmediatamente después estuvieron bajo ataque. En la lucha por construir y defender sindicatos, desde las minas de carbón de Virginia Occidental y Kentucky hasta los puertos y estaciones de carga camionera de la nación, los obreros se armaron para defenderse de los esquiroles rompehuelgas y la policía, los militares y los guardias de seguridad privada. Tras la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea, los veteranos negros, con armas en las manos, conformaron la infantería de las primeras luchas contra el sistema de segregación Jim Crow en el Sur.
Sucede que los mismos que deciden a quién darle el privilegio de ejercer el derecho a portar armas son los mayores asesinos de masas que el mundo haya visto: la clase capitalista estadounidense. Incluso mientras Obama declaraba en Newtown que “estas tragedias deben terminar”, su aparato militar y de espionaje preparaba la siguiente ronda de ataques aéreos sobre Paquistán y Yemen. En un comentario titulado “Beyond Newtown” [Más allá de Newtown], el prisionero de la lucha de clases Mumia Abu-Jamal observó:
“A lo largo y ancho de Estados Unidos, ciudades en las dos costas y el Medio Oeste han sufrido pequeñas masacres, silenciosas y casi invisibles, donde decenas de padres pierden a sus hijos, las esposas a sus maridos y algunos maridos a sus esposas. Me refiero a la plaga de la violencia policiaca contra los negros en Nueva York, Chicago, Oakland y más allá”.
Ya por cierto tiempo, la lucha de clases y otras luchas sociales en este país se han encontrado en un punto bajo. Sin embargo, hay un enorme descontento social preparando el terreno para una lucha renovada. Los estadounidenses tienen armas y quieren conservarlas. Este es un hecho sociológico de la vida, y será un hecho útil cuando la masa de la población se sienta directa y abiertamente amenazada por un gobierno tiránico. Para los marxistas revolucionarios, lo crucial es que la clase obrera se levante como el defensor de todos los que sufren bajo la bota de los gobernantes capitalistas.
El estado capitalista: Portando armas contra el pueblo
Los llamados al control de armas emanados de la burguesía siempre han estado marcados por la más flagrante hipocresía. El ahora fallecido líder del clan Sulzberger, al que pertenece el New York Times y que está entre los principales exponentes del control de armas para las masas, era conocido por conservar una pistola en el cajón de su escritorio para lidiar con cualquier posible intruso hostil. El alcalde de la Ciudad de Nueva York, Michael Bloomberg, ciertamente no tiene por qué temer la confiscación estatal de las armas: tiene a su disposición al personal de la policía las 24 horas del día.
Se han burlado mucho de los recientes pronunciamientos de la bastante osificada National Rifle Association (NRA, Asociación Nacional del Rifle), y particularmente del discurso que pronunció su presidente donde levantó el llamado reaccionario a poner guardias de seguridad armados en todas las escuelas. Los alumnos de alrededor de un tercio de las escuelas públicas ya sufren revisiones y la arbitrariedad de guardias de seguridad e incluso de policías, particularmente en los guetos y barrios. Cabe señalar que actualmente la NRA está brindando el servicio útil de entrenar a maestros en algunos estados en el uso de armas de fuego.
La prensa liberal, a la que hacen eco los reformistas de la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional), lamenta que ésta sea una sociedad violenta (esa observación es similar a reconocer que a los calvos les falta pelo). De las barracas de los infantes de marina, donde el lema es “Mátenlos a todos, que Dios reconocerá a los suyos”, a los púlpitos de las iglesias donde los médicos que practican abortos son considerados merecedores de la muerte, la verdad innegable es que la violencia “es tan estadounidense como la tarta de cereza”, como dijo el militante negro de los años sesenta H. Rap Brown.
El asesinato de masas es un fenómeno frecuente en EE.UU. —y es normalmente el estado el que lo lleva a cabo—. En 1921, la policía de Tulsa bombardeó a la comunidad negra segregada, matando a 75 personas. En mayo de 1985, el alcalde de Filadelfia, el demócrata negro Wilson Goode, con la cooperación del FBI, mandó bombardear a la comuna MOVE, un grupo predominantemente negro con ideología de regresar a la naturaleza. El ataque mató a once personas, entre ellas cinco niños, y todo un vecindario negro fue incinerado. En 1993, tras un sitio de 51 días, el Departamento de Justicia de Bill Clinton ordenó un ataque contra la secta religiosa integrada de la Rama Davidiana, cerca de Waco, Texas, matando así a 80 hombres, mujeres y niños.
Los individuos homicidas que han llevado a cabo tiroteos masivos en los últimos años típicamente lo han hecho con armas semiautomáticas, como el AR-15, uno de los rifles más populares del país, el cual fue usado por el asesino de Newtown. Así que el lobby del control de armas está gritando sobre la necesidad de prohibir las “armas de asalto”. Un equipo de trabajo dirigido por el vicepresidente Biden, autor de la prohibición expirada de esas armas, tiene programado redactar una propuesta para renovarla y adicionarla con nuevas restricciones. La ISO está ayudando a inflamar el frenesí liberal, declarando en “How Does This Happen?” [¿Cómo puede ocurrir esto?] (socialistworker.org, 17 de diciembre):
“Los socialistas creemos que las armas son un síntoma de la violencia, no una causa; pero nadie puede ignorar lo que ese síntoma nos dice respecto a esta sociedad enferma, donde la gente puede comprar por Internet miles de cartuchos de municiones, incluyendo las balas de alto calibre que se usaron en Sandy Hook, cuyo único propósito puede ser la ‘cacería’ de seres humanos”.
El punto de partida de la ISO es la confianza en el estado capitalista.
El escándalo por las AR-15 y similares es moneda frecuente entre los liberales estadounidenses y de otras partes, que rutinariamente señalan hacia Japón, Gran Bretaña y otros países avanzados donde el control de armas es la norma. (Una excepción es Suiza, que sigue sólo a EE.UU., Yemen y Serbia en número de armas per cápita, y donde sólo hubo 40 muertes por arma de fuego en 2010.) Mientras en las ciudades estadounidenses la policía persigue a los jóvenes negros y latinos con el pretexto de la posesión de drogas y/o armas, en Gran Bretaña la policía detiene a jóvenes negros y asiáticos en busca de drogas y/o cuchillos. En ambos casos, la policía los trata con brutalidad y los mata impunemente.
La violencia patológica tiene lugar independientemente del tipo de armas que pueda conseguirse. El mismo día de la matanza en Newtown, un perturbado mental en China, donde la burocracia estalinista dominante mantiene un estricto control de armas, invadió una escuela primaria y acuchilló a 22 niños y un guardia escolar. En todos los casos, el fondo es que los trabajadores deben tener los medios para defenderse y defender a otros.
Derechos de los negros y derecho a las armas
Aunque casi la mitad de los hogares estadounidenses tiene por lo menos un arma, existe la percepción de que quienes defienden los derechos de la Segunda Enmienda son sólo los de la franja derechista, racista y antiinmigrante. Sí, existen lunáticos reaccionarios aficionados a las armas que creen que Estados Unidos enfrenta hoy una invasión de México o quizá de los helicópteros negros de la ONU. Pero la verdad básica del asunto es algo que solía ser bien sabido entre los militantes sindicales y negros: si las armas fueran ilegales, sólo las tendrían los policías, los criminales y el Ku Klux Klan.
La violencia peculiar que se halla entretejida en el entramado de la sociedad capitalista estadounidense surge principalmente de la opresión especial de los negros, una herencia de la esclavitud. Y cualquier lectura seria de la historia y la realidad social de este país deja en claro la absoluta necesidad de la autodefensa negra. A finales del siglo XIX cuando el terror racial barría el Sur, donde imperaba el sistema Jim Crow, la luchadora contra los linchamientos Ida B. Wells escribió:
“Las únicas ocasiones en que un afroamericano logra escapar de un ataque son en las que tiene un arma y la usa para defenderse.
“La lección que esto enseña, y en la que todo afroamericano debe reflexionar, es que un rifle Winchester debe ocupar un lugar de honor en cada hogar negro, y que debe usarse para esa protección que la ley nos niega”.
—citado en Jacqueline J. Royster, ed., Southern Horrors and Other Writings: The Anti-Lynching Campaign of Ida B. Wells, 1892-1900 [Horrores del Sur y otros escritos: La campaña antilinchamientos de Ida B. Wells, 1892-1900] (1997)
Esto no es sólo una cuestión de libros de historia. En junio de 2011, siete matones adolescentes blancos mataron a golpes a un obrero automotriz de 49 años llamado James Craig Anderson en Jackson, Mississippi, mientras coreaban “White Power” [Poder blanco]. De haber estado armado, posiblemente Anderson seguiría vivo.
Históricamente, la autodefensa negra siempre ha enfrentado una frenética represión estatal. Las primeras leyes de control de armas del siglo XX se aprobaron en estados como Carolina del Sur, Tennessee y Mississippi como un medio para desarmar a los negros ante el terrorismo del KKK. Con el ascenso del movimiento de los derechos civiles, el control de armas volvió a asociarse con el miedo de la clase dominante a la combatividad de los negros. Robert F. Williams, el líder del NAACP [Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color] en Monroe, Carolina del Norte, se vio forzado a abandonar el país por organizar un escuadrón para defenderse de los ataques racistas. En Louisiana, y algunos otros estados del Sur, los Deacons for Defense and Justice [Diáconos por la Defensa y la Justicia] recurrieron con éxito a las armas de fuego para proteger al movimiento de los derechos civiles de los ataques del Klan. Entre las armas comunes de los Deacons estaba la carabina M-1, un “fusil de asalto” que habían aprendido a usar en el ejército.
Un artículo de Jill Lepore publicado en el New Yorker (23 de abril de 2012) señaló que “en los años sesenta, la posesión de armas como derecho constitucional figuraba más en la agenda de los nacionalistas negros que en la de la NRA”. En 1965, el Consejo de la Ciudad de Nueva York pasó una ley específicamente para impedir a Malcolm X portar una carabina para su protección; poco después, fue asesinado. En 1967, la legislatura de California prohibió portar armas cargadas después de una manifestación de los Panteras Negras, ante el capitolio estatal de Sacramento, en la que estaban portando armas legalmente. Los Panteras habían estado patrullando las calles de Oakland, donde el terror policiaco había sido generalizado. La prohibición estatal vino seguida de otras leyes de control de armas al nivel nacional, especialmente tras los levantamientos en los guetos que siguieron al asesinato de Martin Luther King en 1968.
Hoy, los negros, que figuran desproporcionadamente como víctimas de la violencia armada, son los que más necesitan medios para defenderse. Sin embargo, en muchos centros urbanos, los llamados al control de armas estricto que impulsan demócratas negros como el congresista John Lewis y Al Sharpton encuentran cada vez más apoyo entre los habitantes de los guetos. Estos llamados no hacen sino alimentar los humillantes programas de detención-y-cateo que lleva a cabo la policía de Nueva York y la de otras ciudades del país.
Los crímenes violentos en los guetos y barrios son un resultado directo del extendido desempleo y la indigencia que produce el funcionamiento normal del sistema capitalista de ganancia. Los jóvenes empobrecidos arrojados a los vertederos del capitalismo no ven muchas oportunidades de salir adelante fuera de arriesgar sus vidas en el ejército o quizá aceptar algo de droga para venderla. Los marxistas llamamos por la despenalización de las drogas, lo que eliminaría las bases de la superganancia que representa el narcotráfico y su violencia concomitante.
Sobre todo, la situación pide a gritos una lucha clasista por empleos, vivienda y educación de calidad para todos. Esa tarea exige construir un partido obrero revolucionario que fusione la ira de los guetos y los barrios con un movimiento obrero revivido y muestre el camino para derrocar al racista sistema capitalista mediante una revolución socialista.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/37/newtown.html
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